LA SEGUNDA DERROTA DEL ‘GENERAL DE LOS HOMBRES LIBRES’

Mantener a raya a los marines norteamericanos le ha valido el título de “el primer Vietnam de Estados Unidos”. Nicaragua fue testigo de la lucha antiimperialista del “General de Hombres Libres”, aquel que, a diferencia de Francisco “Pancho” Villa y Ernesto “Che” Guevara, no logró saborear el triunfo de la Revolución.


El mecánico nicaragüense Augusto César Sandino decidió dejar su trabajo en México para regresar a su país en 1926, a sus 31 años, para empuñar las armas contra la intervención norteamericana que había sido solapada por casi una década por un círculo de familias que mantenían acaparaban el poder político, económico y militar.

Motivado por los comentarios de sus compañeros de trabajo quienes le decían: “¡ya ni la muelan “nica”! —apodo impuesto por los mexicanos al joven— Aquí los gringos bien que se han metido cuantas veces han querido y hasta nos mocharon medio territorio, pero lo han hecho a “güevo”, no porque los invitamos como ustedes”, Sandino regresó a tratar de rescatar la dignidad de Nicaragua, tal y como lo relata Mayo Antonio Sánchez en su libro Nicaragua, año cero. La caída de la dinastía de los Somoza.

Desde su fundación como República en 1938, Nicaragua fue gobernada por tres apellidos; tres presidentes Sacasa, cuatro Chamorro y tres Somoza, que juntos sumaron 62 años en el poder.

De madre campesina, Sandino fue testigo a corta edad del abuso hacia los más pobres por parte de los patrones dueños de las tierras, que a su vez trabajaban para las grandes compañías norteamericanas, como la United Fruit Company, en la que, irónicamente, él trabajaría como peón bananero durante su estancia en Honduras.

Encaminado a crear una rebelión popular que luchara en contra de los intereses norteamericanos y recuperara la soberanía de Nicaragua, Sandino se hizo de un pequeño grupo de guerrilleros, a quienes armó con viejos fusiles y con los que sufriría su primera derrota en El Jícaro, una pequeña región al norte del país.

Posteriormente él, ayudado por un grupo de guerrilleros y por las prostitutas del Puerto de Cabezas, ubicado en el departamento de Zelaya, lograron rescatar el armamento confiscado por los marines al Ejército Liberal del Atlántico, el cual, liderado por José María Moncada, buscaba derrocar al conservador Adolfo Díaz, presidente impuesto por la facción conservadora con apoyo estadounidense; todo esto la noche de Navidad de 1926.

Augusto C. Sandino
Sandino (centro) fue un pionero en tácticas guerrilleras. GETTY IMAGES

Sandino ayudaría en la batalla del Bejuco al general Moncada, algunos de sus hombres de este último lo abandonaron para unirse a las fuerzas de Augusto César, lo que provocó el enojo de Moncada quien lo traicionaría enviándolo a una emboscada de la que apenas logró librarse.

El comandante del Ejército Liberal del Atlántico firmó el Pacto del Espino Negro con coronel Henry L. Stimpson, enviado especial del presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge, el 4 de mayo de 1927, aceptando el desarme de las tropas liberales, la intervención norteamericana permanente y la creación de una Guardia Nacional bajo el mando de oficiales norteamericanos, a cambio de la presidencia. Sandino, a su vez, se retiró a la ciudad de Jinotega, pero sin entregar sus armas.

Con sólo 30 hombres a su cargo, Augusto César Sandino firmaría su primer manifiesto en Yacapuca, el cual versa: “El hombre que de su patria no exige más que un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo oído, sino también creído”.

Sandino continuó su lucha, ahora contra del que antes era su aliado; a lado de un ejército que nunca superó los dos mil miembros regulares, lograron hacerle frente a la infantería conservadora apoyada por los marines, quienes emplearon aviones en su contra.

La mayoría mineros y campesinos, los hombres de Sandino lograron engañar a los estadounidenses fabricando muñecos con palos y hojas en el cerro de El Chipote, esto al saber que serían bombardeados por los estadounidenses, los cuales eran liderados por el héroe de la Primera Guerra Mundial, el general Lejeune.

El “General de los Hombres Libres” se había burlado del ejército estadounidense, haciéndose de una fama internacional. Incluso, como menciona Antonio Sánchez en su libro, algunos intelectuales contemporáneos como Romain Rolland, Manuel Ugarte, Gabriela Mistral y José Vasconcelos hablaban y escribían para apoyarlo.

Sandino en una ocasión logró capturar una bandera estadounidense que llegaría hasta el Primer Congreso Antiimperialista Internacional celebrado en Frankfurt, Alemania.

Después de algunas luchas y de no encontrar más apoyo, el guerrillero entabló conversaciones con gobierno del entonces presidente Juan Bautista Sacasa, el cual presentó su Protocolo de Paz, el cual establecía la conservación de las armas del ejército sandinista, la amnistía general y “la revisión de los tratados Bryan-Chamorro referentes a la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua para determinar que, si se llevaba a cabo, fuera una empresa conjunta de todas las naciones latinoamericanas y no de un monopolio de Estados Unidos”.

Al final Sandino firmó el falso convenio y con él su muerte a manos de una traición del teniente Anastasio Somoza García “Tachito” en 1934, dando inicio a la dinastía que tendría el poder por más de 24 años.

Las grandes revoluciones sociales marcaron al continente americano durante el siglo XX; la de Nicaragua llegó tarde, en 1979, convirtiéndose en la última revolución armada de América Latina.

Enarbolando el nombre del guerrillero, la Revolución Sandinista logró terminar con la dinastía enquistada en el poder, causando la renuncia y el exilio de Anastasio Somoza Debayle o “Tachito II”, pero su victoria traería consigo la segunda derrota de Sandino.

El actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, fue uno de los principales dirigentes de la rebelión armada antisomocista, luchando en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Irónicamente, tras luchar contra una dinastía que mantuvo el poder por décadas, el mandatario lleva más 24 años al frente del país.

El actual presidente de Nicaragua Daniel Ortega, lleva más de dos décadas en el poder. Foto: Reuters.

Las recientes reformas a la seguridad social en Nicaragua en donde las contribuciones y reducía las pensiones, ha causado protestas a las cuales el mandatario respondido con actos de represión que contradicen el ideal sandinista.

Sandino, un nicaragüense que fue derrotado, pero que su causa vive en toda Latinoamérica:

Publicado por Eduardo Hernández Pluma

Eduardo Hernández Pluma nació el 10 de septiembre de 1998 en el entonces Distrito Federal, actualmente estudia Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón. Trabaja como colaborador en la revista Forbes México y Forbes Centroamérica. “Por cada palabra escrita debe haber 100 leídas”, esa es una de las principales enseñanzas que lo han llevado a enamorarse de las palabras y a entender que de las palabras no se gana, se vive.

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